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El Salamanca
encontró muy pronto el camino del gol. A los
nueve minutos, Quique Martín ejecutó un
saque de esquina a la izquierda de la portería
del Albacete, muy cerrado, y por el primer palo entró
como un obús Pelegrin para asestar un testarazo
inapelable que mandó el balón al fondo
de las mallas manchegas. Y es que más o menos
hasta el minuto quince de partido el Salamanca había
sido el dueño de la situación, se había
mostrado superior en el centro del campo y había
desbordado por las bandas a los albaceteños.
El gol espoleó a un equipo que se vio obligado
a quitarse los complejos, y empezó a jugar mejor
que el líder.
Libre de ataduras el Albacete con un Diego Costa como
referente, cambió los papeles con la Unión
y le devolvió el mazazo del gol en el minuto
26. El canterano Jaime amortiguó un envió
desde la izquierda, y con toda su alma remató
a gol. Alberto no pudo hacer nada por evitar el tanto
de la igualada. Con empate a uno se llegó al
descanso. Pero nada más comenzar el segundo periodo,
una jugada personal de Diego Costa que ganó la
línea de fondo, sirviendo un balón atrás
para que Alberto marcase el segundo tanto albaceteño.
A raíz del gol el Albacete se metió muy
atrás, o se metió lo provocó el
Albacete, pero lo cierto es que el equipo manchego perdió
por completo la posesión y fue el Salamanca el
que, como en la primera parte, se hizo dueño
de la situación. El Salamanca pudo empatar en
el minuto 61, pero Jonathan realizó un paradón
a una mano en un remate de cabeza de Catalá.
Los jugadores salmantinos reclamaron a Lizondo Cortés
que el balón había traspasado la línea
de gol, algo que no atendió el colegiado valenciano.
Cuando el Albacete saboreaba el triunfo, al partido
le quedaban nueve minutos, llegó el gol del empate
del Salamanca, Miku se revolvió dentro del área,
y batió de manera inapelable al meta Jonathan.
Con bronca, expulsión de Raúl Gañan
en tiempo de descuento, y algo más que palabras
entre Diego Costa y Catalá terminó un
partido que dejó con sabor agridulce a los manchegos
que llegaron a tocar con la yema de los dedos un triunfo
sobre el líder.
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