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El Tenerife, sin realizar ningún alarde de buen
juego cosechó un balsámico triunfo por
2-1 ante un Salamanca que hizo méritos más
que suficientes como para llevarse algo positivo de
este enfrentamiento.
La apremiante necesidad de ambos equipos de hacerse
con un triunfo que le auspiciase un futuro inmediato
más halagüeño abrumó sobre
todo a un equipo canario que, fue incapaz de expresar
algún mínimo síntoma de mejoría,
al contrario que su rival salamantino, que no sólo
le dominó sino que casi lo dislocó.
El encuentro sólo tuvo un color en la primera
mitad, y no fue otro que el del conjunto charro, puesto
que no sólo supo moverse por el terreno de juego
con mucha más coherencia, sino que, además,
fue capaz de poner en serios aprietos el marco de Juan
Pablo.
Cuando todo hacía presagiar que la primera parte
finalizaría con ventaja visitante, en las postrimerías
se produjo una de las pocas atinadas jugadas de los
locales que supuso el empate, cuando el escurridizo
Nino cabeceó a la red un medio centro desde la
derecha de Blanco.
Finalmente la fortuna fue para el bando local, y en
un balcón sin aparente peligro enviado al área
por Blanco, permitió a Arruabarrena un buen control
para de un disparo seco conseguir la estocada definitiva
de los salamantinos.
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